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Me tocó sentarme en una mesa con todos los frígidos

Introducción

Como experto en humor, les puedo contar que me ha pasado de todo. He tenido noches increíbles con amigos y risas imparables, pero también me ha tocado sentarme en una mesa con todos los frígidos. En este artículo, les quiero contar cómo fue esa experiencia. Así que si quieren pasar un buen rato y descubrir cómo sobreviví a una reunión con gente completamente desprovista de humor, sigan leyendo.

¿Qué es un frígido?

Antes de entrar en detalles de mi historia, es importante establecer qué es un frígido. En nuestra cultura, este término se utiliza para referirse a alguien que carece de sentido del humor o que no sabe apreciar el lado divertido de la vida. Es decir, una persona que es completamente incapaz de reírse de cualquier cosa, incluso cuando se trata de algo ridículo o absurdo. Personalmente, creo que esto es un problema muy serio, y es por eso que no podía dejar pasar la oportunidad de escribir sobre ello.

La historia

Fue una noche de verano, y estaba muy emocionado porque había sido invitado a una cena con amigos. La noche prometía estar llena de risas, buena comida y buena compañía. Yo estaba listo para disfrutar de una noche memorable. Pero, como dicen, las cosas no siempre son como uno espera. Cuando llegué a la casa de mi amigo, me recibió con una sonrisa y me presentó al resto de los invitados. Y ahí fue cuando empecé a notar algo extraño.

Los invitados

Había unas ocho personas en la cena, todas ellas aparentemente respetables y educadas. Pero en cuanto empecé a hablar con ellos, me di cuenta de que algo no encajaba. Todos hablaban con una seriedad que rayaba en lo absurdo. Incluso cuando se trataba de temas aparentemente divertidos, nadie parecía interesado en hacer un comentario o una broma. Me sentí como si estuviera en una reunión de la ONU, en vez de estar en una cena entre amigos.

El ambiente

El ambiente en sí mismo tampoco ayudaba a mejorar las cosas. No había música, las luces eran escasas y la decoración parecía sacada de un cuadro de Edward Hopper. No había ni una llamita de humor en el aire, ni una broma ni un comentario ingenioso. Me sentía completamente aburrido y desganado. Pero no quería ser el único en intentar levantar el ánimo, así que decidí esperar pacientemente a que alguien dijera algo que provocara risa.

La comida

La comida estaba bastante buena, eso tengo que admitirlo. Pero debo decir que el ambiente la hacía sentir un poco incómoda. El silencio mientras se comía era ensordecedor, y nadie parecía estar disfrutando realmente de la comida. Hubo algunos comentarios sobre la técnica culinaria o la forma de cocinar algún ingrediente, pero nada que pudiera generar una sonrisa o una risa. Me estaba empezando a preocupar.

Cómo sobreviví

Cuando la cena terminó, estábamos sentados en la sala de estar. El ambiente seguía siendo tan tenso como antes, y yo estaba a punto de rendirme. Pero entonces recordé algo importante: aunque el humor no es algo que se pueda forzar, sí es posible crear el ambiente adecuado para que surja de manera natural. Así que decidí intentarlo.

El chiste

No tenía nada que perder. Así que le conté un chiste a uno de mis amigos menos frígidos. No era nada extraordinario, pero era lo suficientemente absurdo como para generar una risa. La gente me miró un poco extrañada al principio, pero luego empezaron a sonreír y a reír. Fue un pequeño triunfo, pero me dio la confianza que necesitaba para seguir adelante.

La música

Le pedí a mi amigo que pusiera un poco de música. No tenía que ser nada en particular, sólo algo que creara una atmósfera más divertida. Y así lo hizo. Puso una lista de canciones que todos conocíamos, de esas que te hacen mover el pie sin que te des cuenta. Y aunque nadie se levantó a bailar, todos empezaron a mover la cabeza o los dedos al ritmo de la música.

El juego

Entonces se me ocurrió una idea. Propuse jugar al "Sí y No". Es un juego que no requiere mucha preparación ni habilidad, y que puede ser muy divertido. Consiste en hacer preguntas que sólo puedan ser respondidas con "sí" o "no". La única regla es que no se puede repetir una pregunta dos veces. Al principio, nadie parecía estar muy interesado. Pero luego, algunos se animaron y empezaron a hacer preguntas cada vez más creativas.

Conclusión

Al final, logré sobrevivir a esa cena con todos los frígidos. La noche no fue exactamente como yo esperaba, pero al menos logré hacer que algunas sonrisas aparecieran en los rostros de mis amigos. Creo que la moraleja de esta historia es que el humor no siempre es fácil de encontrar, pero si realmente queremos pasarlo bien, podemos hacer un esfuerzo para crear el ambiente adecuado. Y si todo lo demás falla, siempre nos quedará el chiste absurdo.